martes 16 de noviembre de 2010

Mi no-amigo,el capitán fantoche

Las identidades de los personajes y entidades que aparecen en esta entrada han sido cambiadas para protección del autor. Es decir, pura cobardía... jejejejeje...

- "Saludos mi amigo Juanito..." escribió el Capitán Fantoche en el chat de Facebook.
- "Qué tal Capitán, ¿Cómo va todo?" respondí.
- "¡Espléndido!", escribió con euforia... "Quiero informarte que para tu gran orgullo, de nuestra alma mater, del país y beneficio de la humanidad; he sido nombrado presidente de la Unión Mundial de Fantoches (UMF)... te envío el vínculo con la noticia para que puedas comunicarlo a todos tus conocidos y esparcir esta buena nueva"...

Luego de esta maravillosa noticia que claramente beneficia a la humanidad no pude más que preguntarme dos cosas: 1) ¿Por qué demonios el Capitán Fantoche me saludaba como si fuera spock en viaje a las estrellas? y 2) ¿De dónde sacó el Capitán Fantoche que a mi, al alma mater, al país o a la humanidad nos podría interesar que lo nombraran presidente de la UMF?

- "Mi nombramiento hará que muchos jóvenes puedan seguir mi ejemplo y dedicarse a la fantochada (la palabra existe, define la acción propia de un fantoche según la RAE)... Esto apúntala mi labor como fantoche y maestro de fantoches. Será un orgullo colaborar para que cada vez seamos más en Colombia y América Latina..."

A estas alturas de la charla yo ya había decidido eliminar al personaje de mis contactos de Facebook, cambiar mi número de celular en cuanto pudiera, mudar mi oficina al otro extremo de la ciudad, cambiar mi nombre, mi ciudadanía, ponerme lentes de contacto y probablemente comprar una peluca que ocultara mi calvicie para que el Capitán Fantoche no pudiera volver a encontrarme jamás.

Y créanme, lo intenté: No pude cambiar el número de mi celular por más que insistí porque el número es corporativo y aunque insistí vehementemente en que cambiáramos de operador nadie me hizo caso, no me aceptaron la solicitud de asilo en Nicaragua ni Venezuela (vaya uno a saber por qué) y resultó que los lentes de contacto y las pelucas me dan alergia.

Así las cosas, tuve que recurrir, frustrado, a mi último recurso: Violar las normas sagradas de las redes sociales y borrarlo de mis contactos. Por si no lo han notado, en este nuevo mundo interconectado, en el que la privacidad no existe (aún menos para aquellos que somos realmente activos en las redes sociales); borrar un contacto es prácticamente una declaración de guerra. No sólo porque el afectado se de cuenta, sino porque es una declaración pública de que esa persona en verdad no te simpatiza. Es el equivalente digital de sacarle la lengua a alguien, meterle la maleta en la caneca o rayarle la puerta del carro.

Sé que mi decisión parece drástica e incluso cargada de envidia, pero créanme que no tuve más remedio. Al menos cada tres meses el Capitán Fantoche me escribe largas peroratas acerca de sus triunfos personales, me comparte links de artículos que el mismo ha escrito o hecho escribir hablando se magnificencia o visita mi oficina, vistiendo corbatas fluorecentes de nudos demasiado anchos y peinado demasiado tieso, para contarme de sus incontables viajes internacionales a dictar conferencias o recibir premios que nadie en verdad conoce, pero que el gestiona activamente.

Normalmente esto no sería problema. En general me alegro por los triunfos de los amigos o conocidos y no tengo autoridad moral para criticar la prepotencia (al fin y al cabo hice un MBA y si algo es innegable es que un resultado colateral un ligerísimo aumento del ego).

El Capitán, sin embargo, tiene la fastidiosa capacidad de hacer que todo gire alrededor de si mismo y no demuestra el menor asomo de querer hacer nada por nadie. Verán, al final todos nos movemos por tres razones básicas (advierto que esto es una simplificación muy burda de la teoría de las motivaciones): Porque nos recompenzan (con plata o reconocimiento), porque nos satisface (aprendemos, nos gusta) y porque hacemos algo por otros (la familia, el cliente).

Esa descarada manera de buscar reconocimiento, reconocimiento, reconocimiento sin pensar en el otro me parece sinceramente repugnante. Porque por ello hay ejecutivos brillantes que no forman a sus equipos ni son capaces de hacer equipo, consultores que en verdad no comparten su conocimiento para el mejor interés de sus clientes, padres que terminan enseñándole a sus hijos que todo pueden tenerlo con el incentivo adecuado y viviendo la vida por ellos.

Esa gestión de la fama que va más allá de mantener el buen nombre y la buena imagen, esa búsqueda de pleitesía constante, esa lisonja permanente, hace que personajes como el Capitán Fantoche se me antojen poco confiables y traicioneros.

Yo,yo prefiero la gente que triunfa, pero que también fracasa a ratos, la que prefiere trabajar porque cree que en algo ayuda, no porque cree que le traerá premios y reconocimientos. Prefiero a la gente buena que trabaja y no a la que trabaja para que le digan que es buena.

De todas maneras admito que tengo algo de envidia... ¿Por qué la UMF pierde su tiempo nombrando al Capitán Fantoches como su presidente, cuando podrían tener a la humildad hecha hombre, a la brillantez encarnada, a la genialidad universal, ¡a MI! como su líder? Piénsenlo... mi principal virtud es la humildad..jejeje...

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