domingo 16 de agosto de 2009

Juanito, el Titán y el carro

Ando muy contento porque por fin voy a tener centro comercial cerca de mi casa. Se llama Titán Plaza y quedará ubicado en la Calle 80 con avenida Boyacá, a unas cuantas calles de donde vivo.
Sé que suena un tanto provinciano, pero en verdad estoy entusiasmado con el proyecto. Verán, mis hermanos y yo crecimos en un barrio que se llama Villas del Madrigal, en la calle 80 con carrera 99, una especie de suburbio que diseñó mi papá y que construyó la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo. Fue un buen lugar para crecer: teníamos una casa grande y bonita, el barrio era relativamente seguro y siempre tuvimos compañeros de juego. Lo único malo es que era muy lejos de todo.

El madrigal, como le decíamos, quedaba prácticamente fuera de la ciudad en ese entonces y aunque había un par de barrios más al occidente, estábamos ya en punto en el que a la gente le parecía que había dejado la civilización, porque las vías estaban a desnivel (el carril occidente-oriente estaba literalmente más arriba que el contrario) y llegaban apenas unos cuantos buses, la mayoría de ellos recorriendo la calle 80. Sólo dos de ellos venían del norte de la ciudad, de Unicentro lo que hacía mayor la distancia a los ojos de mis compañeros de colegio. Todo en la vida es cuestión de percepciones y tener que tomar dos buses y demorarse una hora en el viaje les parecía terrible.

Para nosotros, quienes vivíamos allá, era también un asunto complejo, no sólo por la distancia sino porque debíamos confiar en las tiendas de barrio para conseguirlo todas esas cosas que se necesitan cada día: Una libra de azucar que se acabó, un nuevo tarro de shampoo (que palabra tan fea...), la cartulina para las tareas... Pero cualquier cosa más compleja que eso requería de la compleja logística de ir hasta Unicentro y por lo menos tres horas para ir, comprar y volver. Puede parecer exagerado, pero piensen en que tienen 13 o 14 años y la urgente necesidad de invitar a una amiga a comer a Crepes por ejemplo... ¿ya me entienden?

Pensándolo bien, si era bastante lejos....

Bueno, la cosa es que me acostumbré a salir temprano a todos lados y de todos lados, a tomar dos buses para llegar a cualquier sitio y a cruzar la calle sin un puente peatonal cerca y escalando esa pequeña diferencia de altura entre una calzada y otra, hasta que perdimos la casa. Ese no es un tema que vaya a tratar en este momento, pero cuando entré a la Universidad tuvimos que trastearnos a un sitio más central, la Boyacá con 80.

En principio podría parecer un buen cambio, al menos en términos de transporte, es verdad. Pero resulta que al genio del alcalde de turno se le ocurrió que la zona debía ser uno de los puntos neurálgicos del sistema Transmilenio. Entonces adecuaron las vías, el transporte público finalmente dejó de ser problema y aparecieron los enormes centros comerciales (el portal de la 80, Unicentro de Occidente.. )...¡¡¡¡JUSTO CUÁNDO ME IBA!!!!¿¡No podía ser un año antes?! ¡¡¡¡Noooooo... tenía que ser el día en que yo subia mis cosas al camión!!!!... por supuesto... el sistema, el gobierno, el statu quo, los masones, los rosacruces, los limunatti, Mulder y Scully... todos confabulados contra mi cambiaron la ciudd el día en que me iba... no pueden ver un pobre contento...

Siempre he tenido ese pequeño resentimiento con la ciudad y sus gobernantes. Pero finalmente se hará justicia y Ospinas y Cusezar, dos importantes compañías constructoras, erigirán a cuatro cuadras de mi casa el magnificente Titán Plaza, que tiene un nombre horrible, pero me permitirá reclamar mi derecho de sumarme a las miles de personas que pueden ir a comer a crepes, ver una película o comprar cartulina para los trabajos sin tener que sacar el carro del parqueadero. ¡Ahora nunca estaré desparchado, podré ir a dar una vuelta al centro comercial cuando no haya nada que hacer!¡No más viajes de una hora para poder comprar ropa o zapatos!¡Por fin podré tener todo lo que soñé al alcance de la mano!...

Ahora sólo quisiera tener entre 14, 15 o 16 años y no tener carro...

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