domingo 12 de julio de 2009

Las gestas de la vida diaria, pequeños triunfos y la lucha por una empanada con ají.


A riesgo de parecer cursi, esta entrada tiene dedicatoria, pues la escribo pensando en una persona muy especial en la que he descubierto una valentía inimaginable y poco reconocida. Si algún día lee estas líneas sabrá que le pertenecen junto con todo mi respeto.

- Juanito (Quien escribe este blog): Buenos días monita, ¿hay ají?
- Mona (Entiendase como la señora que trabaja en servicios generales en la Universidad de La Sabana... la Universidad no andaría sin ellas): No monito, hoy no ha llegado...
- Juanito: ¿Y cuando será que traen?¿¡Cómo esperan que la gente coma empanada sin ají!?... la única razón para comer empanada es poder probar el ají que viene con ella...
- Mona: No sé monito, nosotras pedimos pero nunca traen...
- Juanito: Sí mona, yo sé que no es culpa suya... deme un americano doble entonces...
- Nicola (el amigote de Juanito en la oficina, Comunicador Social, DJ de Paraíso, piloto de carros de carreras, también anima piñatas, matrimonios, bazares y despedidas de soltera... de nada por la cuña Nico): A mí si deme una empanada... y un pa de yuca y una coca cola.....

Esta escena, con pocas variaciones, se repite casi todos los días en uno de los puntos de venta de alimentos de la Universidad de La Sabana. Y esa variación consiste en que a veces Nicola pide pan de yuca, a veces empanada y a veces pastel de carne u otra combinación de los tres. Verán Nicola vive a dieta porque debe mantener su peso a raya para poder correr en el autódromo, por lo cual intenta aplicar aquello de comer poco muchas veces al día; lo que se traduce en el pan de yuca o empanada con coca-cola a eso de las diez de la mañana y una ensalada al almuerzo. Al parecer le funciona porque todavía corre y "desayuna" sagradamente conmigo a las diez de la mañana todos los días, con lo cual vive tranquilo. En mi opinión es mejor opción que esas dietas en las que un médico cobra $25.000 pesos semanales por ponerte unos imanes en la oreja y decirte que no puedes comer nada hoy ni nunca. Algunas niñas de la oficina la están haciendo y en mi opinión Nicola se ve mucho más contento...

Pero bueno, esta entrada no tiene que ver con Nicola sino con la empanada. Verán, con lo espectacular que es el campus de la Universidad, lo agradable de las instalaciones y lo amable de la gente, en mi opinión, lo mejor de trabajar allí era que podías comer las mejores empanadas y el mejor ají de Bogotá. En serio, las empanadas solían llegar a las 9:00 de la mañana y a las 9:30 no había un sitio donde pudieran encontrarse. En una época tuve que reservarlas desde temprano para alcanzar al grasoso manjar matutino de harina de maíz, carne molida y papa.
Ahora, como nada de lo bueno dura en la vida y todo lo del pobre es robado, la Dirección Administrativa de la Universidad decidió que hacer ají para las empanadas, pasteles de carne, etc. era un desperdicio. Así que sus admiradores quedamos desamparados y las empanadas comenzaron a quedarse, al punto de que hay días en los que no se acaban.
Ante semejante despropósito hice del tema del ají una causa personal e inicie una feroz campaña por el regreso del picante a la empanada de la mañana (Por cierto, Olguita, si lees esto, hay que volver a poner ají para las empanadas) y la escena comenzó a repetirse.
En estos días de encierro he tenido la oportunidad de hablar de muchas cosas con mucha gente, algunas, personas con las que no hablaba hacía años. Eso ha sido bueno y me ha dado la oportunidad de pensar en las virtudes humanas. No crean que me puse trascendental, es sólo que cuando se me vino a la cabeza el tema de la cruzada por el ají recordé que nuestras vidas son, en gran medida, una suma de pequeñas gestas, batallas diarias por ser algo mejores, por hacer de los lugares donde pasamos nuestras vidas algo mejores, por ayudar a alguien a ser mejor.
Algunas pueden parecer vanales como la gesta por el ají o por dejar de fumar, por comer menos o por no dejar de lado sus aficiones por cuenta del trabajo. Pero hay personas a las que se les va la vida en las batallas diarias. Imaginen la tremenda fortaleza que se necesita para seer un buen padre o un buen esposo día tras día; o para no tomarse un trago aún cuando todas las fibras del cuerpo lo piden, o salir a la calle cuando el cerebro está convencido de que todo afuera es malo, cuando los nervios se destrozan y la vida se vuelve un monstruo.
Hace días alguien me contó una historia parecida y su gran temor de que esa situación volviera a repetirse. No pude más que notar su temor y una gran fortaleza. Lo que me sorprendió es que no se diera cuenta de que en mis ojos cada minuto en la calle, la decisión de seguir adelante, de afrontar la vida a pesar del riesgo es un gran triunfo y cada día una batalla ganada.
Si algún día se preguntan cómo construir virtudes, piensen en esas personas que seguro conocen y que todos los días le dan la cara a la vida con entusiasmo a pesar de las circunstancias, siendo felices con sus circunstancias, mientras los demás nos preocupamos por conseguir empanadas con ají.
PD. NO CREAN QUE VOY A RENDIRME... ¡¡¡EL AJÍ VOLVERÁ...!!!

2 comentarios:

  1. Muy bien Juanito, no solo en las gestas cotidianas sino en la perseverancia con los blogs se reconocen las personas importantes. Ánimo y a no desfallecer.

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  2. ¡¡¡Gracias don Beto!!! ¡¡¡es bien importante el ánimo de los amigos, en estas cosas y en el máster!!! un abrazo y saludes a Fede...

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